Ya se están viviendo los últimos momentos del verano y aparece el conocido  “Síndrome Post-Vacacional”; que aunque no es considerado un trastorno mental, actualmente afecta al 65% de la población española. Normalmente se manifiesta en las primeras 2 semanas de haber acabado el período vacacional mientras nos volvemos a adaptar a la rutina (tráfico pesado, inicio de clase, cantidad de trabajo, el inicio del frío, las pocas horas de luz, etc.)

También es conocido como “depresión post-vacacional” porque los síntomas son similares a este trastorno con la diferencia de aparecer en un momento puntual mientras nos adaptamos. Estamos hablando de síntomas como la tristeza, alteración de sueño, irritabilidad, angustia, desconcentración, pérdida de apetito, ansiedad o apatía.

Muchas personas alivian estos síntomas modificando los hábitos que se han tomado durante las vacaciones. Como por ejemplo, acostarse y levantarse temprano, volver a una dieta equilibrada, iniciar algún deporte, meditar, etc. Así es más llevadero “preparar la vuelta a la realidad”. 

Aunque estos cambios pueden ayudar al momento, no resuelven el problema desde la raíz y seguirá apareciendo todos los años.

Ese choque con la rutina, realmente no siempre muestra las verdaderas causas. Que, aunque se manifiestan de forma similar en las personas, puede tratarse de orígenes diferentes.

¿Y de qué pueden tratarse estas verdaderas causas? 

Tomando en cuenta que los síntomas del Síndrome Post-vacacional surgen al volver a tener contacto con las situaciones estresantes o desagradables no resueltas al marchar de vacaciones, es una respuesta psicoemocional frente a ellas. Entonces, las verdaderas causas del síndrome son los conflictos sin resolver. Se dice que se manifiesta en el entorno laboral porque es donde vemos las consecuencias, pero también podría tratarse de retomar la rutina familiar, por ejemplo. 

¿Cómo evitar el síndrome post-vacacional?

La clave está en resolverlo en lugar de sobrellevarlo. Claro que los hábitos adaptativos son útiles para ir superando los síntomas a corto plazo, pero el verdadero fin es evitar que vuelvan a aparecer más adelante.

Estrategias eficaces y definitivas

Como cualquier otro conflicto psicológico, lo que hará que el síndrome postvacacional desaparezca es conocer lo que realmente le hace aparecer. Por eso, lo primero que recomiendan es analizar con calma cuál es el malestar de fondo. Puede tratarse de falta de directrices claras en la empresa o no ser valorado/a, mala relación con algún compañero/a, el nivel de autoexigencia, carga de responsabilidades en casa, vuelta a la convivencia, etc. Una vez descubierto el malestar, debemos identificar los bloqueos psicológicos que impiden cambiar la situación. Por ejemplo, el temor a decir que no, la falta de autovaloración, búsqueda constante de aprobación, etc. Es importante realizar este proceso con comprensión hacia uno mismo, sin exigirse ni juzgarse y con ánimo de aprender,

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