Hace unos años, como buena emprendedora inquieta y con pocos conocimientos al respecto tuve muchos fracasos sobre la marcha que fueron los mejores maestros. Hoy quiero compartir contigo los que más me han dejado un aprendizaje importante para que los tengas en cuenta y para que sepas que no eres la única persona que pasas por cosas como estas:

1. Cuando me gradué de psicóloga, en Venezuela, comencé a ejercer mi carrera: a dar consultas a niños, adolescentes, familias…los casos que llegaban. Sin embargo, como casi todos eran referidos me veía “obligada” (aunque normalmente me lo pedían) a hacerles un descuento importante, y más de una vez me las pedían gratuita. Y claro, como estaba empezando y me daba “cosilla” con esas personas, accedía. Aunque en ese entonces también trabajaba para un colegio como psicóloga, no le prestaba demasiada atención a ese tipo de beneficios que daba en las consultas.

De aquí aprendí que mi tiempo, servicios y conocimiento (y el de toda empresa, profesional o emprendedor) valen. Y por más que me costara, debía aprender a negarme a este tipo de casosSi quieres conocer los beneficios del no y cómo hacerlo te dejo este enlace del podcast para que conozcas más del tema.

2. Luego, tuve que dejarlo al venirme a España, en principio solo a estudiar. Como te imaginarás en la práctica fue otra cosa, terminé viviendo aquí.

La siguiente vez que intenté emprender fue al registrar una patente, o mejor dicho, un modelo de utilidad de un archivero automático. El funcionamiento sería guardar automáticamente los documentos y acceder a ellos de una forma más sencilla de manera digitalizada, donde se podía ahorrar espacio en las oficinas y tiempo en los trabajadores ¡todo eran ventajas! Investigué hasta el cansancio. Mi fin era que alguna persona que supiera de ingeniería robótica me asesorara y juntos llevarlo a cabo. Luego supe que sólo hacerlo por probar si podía funcionar costaba una cantidad de dinero impresionante. Después de mucho tiempo desistí.

En este caso el mensaje ha sido que la creatividad y perseverancia son muy positivas hasta que nos ciegan y no nos permite ver la realidad. En este caso, tenía la idea pero me faltaba conocimiento en un sector que desconozco y por más que lo quisiera, hacerlo posible iba a significarse un riesgo demasiado grande.

3. El último caso ha sido el querer abrir una hamburguesería saludable, pero no solo eso. También tendría este establecimiento una sala aparte para impartir talleres y charlas de bienestar (podía impartirlas yo u otro profesional). En este caso lo he estudiado mucho mejor y de una manera más objetiva. Sin embargo, en el camino me di cuenta que no se puede abarcar todo. O me dedicaba al café o a las charlas, eran dos cosas diferentes. Ambas toman mucho tiempo

En este caso aprendí lo necesario de saber con extrema exactitud a dónde quieres dirigirte. Es decir, saber cuál es el objetivo que tienes, porque así serás más sencillo llegar a las personas que realmente quisieran disfrutar de tus servicios o productos.

En resumen con estas experiencias, que no te voy a negar que en su momento me han llenado de frustración, he aprendido la importancia de mi trabajo y la del otro, saber hasta dónde mi proyecto deja de ser viable y la importancia de conocer mi objetivo del proyecto.

¿Y tu, has tenido aprendizajes de tus intentos de emprendimiento o reinvención? ¡Te leo!